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FORO
INTERNACIONAL
VOLUMEN
XLIII - NÚMERO 3 (173)
julio-septiembre 2003
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Coordinadora
de este número
Ana Covarrubias Velasco
( Presentación
del número por el Dr. Jorge I. Domínguez,
de
la Universidad de Harvard)
Artículos
Jorge I. Domínguez, Cuba
en las Américas: ancla y viraje.
(resumen)
(abstract)
Marifeli Pérez-Stable,
Cuba,
¿sucesión o transición?. (resumen)
(abstract)
Jorge F. Pérez-López, El
interminable periodo especial de la economía cubana.
(resumen)
(abstract)
Damián J. Fernández, La
disidencia en Cuba: entre la seducción y la normalización. (resumen)
(abstract)
Alejandro Portes, La
máquina política cubano-estadounidense: reflexiones sobre su
origen y permanencia.
(resumen)
(abstract)
Ana Covarrubias Velasco, La
política mexicana hacia Cuba a principios de siglo: de la no
intervención a la protección de los derechos humanos.
(resumen)
(abstract)
Cristina Warren, La
política de Canadá hacia Cuba: evaluación del compromiso
constructivo.
(resumen)
(abstract)
Claude Heller, La
cuestión cubana en los foros multilaterales.
(resumen)
(abstract)
Mark Falcoff, Presente
y futuro en las relaciones Estados Unidos-Cuba: un ejercicio de
análisis y especulación.
(resumen)
(abstract)
Susan Kaufman Purcell, La
Ley Helms-Burton y el embargo estadounidense contra Cuba.
(resumen)
(abstract)
Joaquín Roy, Las
dos leyes Helms-Burton: contraste de la actitud de los Estados
Unidos ante la Unión Europea y ante Cuba.
(resumen)
(abstract)
Reseñas
Lorenzo Meyer, El
cactus
y el olivo. Las relaciones de México y España en el siglo XX, por
Ana Paula Ordorica.
Guy Hermet,
Jean-François
Prud’homme y Soledad Loaeza, Del
populismo de los antiguos al populismo de los modernos,
por Fernando Escalante Gonzalbo.
Michael Edwards, Future
Positive. International Co-operation in the 21st Century, por
Javier Treviño Rangel.
* * * * * * * * *
RESÚMENES
Jorge
I. Domínguez, Cuba en las
Américas: ancla y viraje.
Utilizando como punto de
partida la olas
(Organización Latinoamericana de Solidaridad), que ejemplifica
mucho lo que fue la política revolucionaria cubana en la región
durante los sesenta, Domínguez identifica cuatro “olas” de
cambio en América Latina a fines de los noventa y analiza cómo
incidieron en el acontecer interno de Cuba. Esas “olas” son:
la democratización, una mayor apertura económica, una mejor
relación con los Estados Unidos y una acelerada transformación
de la vida cultural. Domínguez argumenta que la “ola” económica
y, en menor medida, la democratizadora tuvieron alguna incidencia
en Cuba, pero que con ellas no se lograron cambios decisivos. La
reforma económica no fue sino una estrategia para la
supervivencia y, aunque Cuba logró diversificar su dependencia,
se trató de una diversificación negativa.
En lo político, el objetivo último del gobierno cubano
fue resistir las presiones para la democratización, a pesar de
que en determinados momentos haya permitido cierto debate público.
La relación con los Estados Unidos, por otro lado, mejoró sólo
en cuanto a la seguridad: la migración y el narcotráfico fueron
áreas de cooperación. En lo cultural, Cuba mantuvo un “poder
seductor”, si bien ya no como “foco” revolucionario. Domínguez
concluye que, en última instancia, el gobierno cubano estuvo
dispuesto a deteriorar sus relaciones económicas y políticas con
los países de la región con tal de resistir influencias externas
sobre el régimen. Como en el pasado, aunque en otro sentido, Cuba
sigue siendo excepcional en el continente americano: no participó
plenamente de las “olas” de cambio.
Marifeli
Pérez-Stable, Cuba,
¿sucesión o transición?
El artículo analiza cómo la élite cubana logró
una reconstitución política ante las amenazas de colapso del régimen
tras la caída del muro de Berlín. Más aún, se espera que esta
reconstitución apoye un relevo que no implique una transición
democrática a la muerte de Fidel Castro. Pérez-Stable explica la
política puesta en marcha en los noventa, cuando el objetivo
central del régimen cubano era su supervivencia. Se diseñó la
reforma económica que incluyó la legalización del dólar, la
liberalización de las cooperativas agrícolas, la autorización
del empleo por cuenta propia y la apertura a las inversiones
extranjeras. No hubo, sin embargo, algo equivalente en política,
sino que se tomaron sólo algunas medidas cosméticas como la
admisión de creyentes en el pcc,
la elección directa de los diputados a la Asamblea Nacional del
Poder Popular y el reconocimiento constitucional del sector mixto
de la economía. Una reforma política profunda hubiese tenido
costos inadmisibles, pues de lo que se trataba era de defender el statu
quo y, una vez asegurada la supervivencia, la élite se dedicó
a la reconstitución política y no admitió ningún cambio a
partir de 1997. En este año el congreso del pcc
selló el retorno político al pasado. La autora señala cómo se
inició la Gran Batalla de Ideas, que no fue sino una movilización
nacionalista, y cómo finalmente se llevó a cabo la reforma
constitucional que declarara la irrevocabilidad del socialismo en
junio de 2002. Los sucesores del comandante, no obstante,
enfrentarán varios desafíos: el primero, en el ámbito de la
cultura política, pues el bienestar del pueblo cubano deberá
ubicarse en el centro de la política, y el discurso tendría que
incorporar términos como la igualdad de oportunidades y la relación
entre productividad y bienestar social; el segundo desafío es el
que corresponde a la normalización de las relaciones con los
Estados Unidos, para lo cual habrá que dejar atrás una
mentalidad que se ha mantenido desde el siglo xix.
Jorge
F. Pérez-López, El interminable
periodo especial de la economía cubana.
El autor observa la economía
cubana desde 1990, cuando dio inicio la peor crisis en su
historia, el llamado “periodo especial en tiempos de paz”,
como resultado de la desaparición del bloque socialista. Pérez-López
examina los alcances de la crisis en los distintos sectores de la
economía cubana, y las medidas adoptadas por el gobierno para
intentar revertir la situación. Entre estas últimas destacan la
legalización de la posesión y uso de moneda extranjera, la
autorización del empleo por cuenta propia, la creación de
cooperativas agrícolas, el cambio en la legislación fiscal, la
creación de mercados agrícolas, la promoción de la inversión
extranjera y la reforma bancaria. Asimismo, evalúa los resultados
de la aplicación de tales medidas y destaca un crecimiento económico
positivo desde 1994. Sin embargo, el autor argumenta que las
reformas fueron inadecuadas para restituir a la población los
niveles de ingreso y de consumo que tenía a finales de los
ochenta, y no sentaron las bases para un futuro desarrollo económico
sustentable. Aunado a esto, la desaceleración de la economía
mundial, los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, el
retiro de Rusia de la base de Lourdes y el huracán Michelle
contribuyen a que las perspectivas de la economía cubana sean
desalentadoras. Pérez-López concluye que el gobierno cubano no
ha seguido un proyecto de reforma para mejorar la eficacia de la
economía y hacerla más compatible con la economía mundial, y se
han pospuesto medidas políticamente sensibles como la
reestructuración de empresas estatales, la autorización de pequeños
negocios y las reformas al mercado laboral, que aumentarían el
desempleo y reducirían el control sobre los recursos productivos
del Estado. Con los cambios adoptados se ha perseguido únicamente
enfrentar una crisis, sin una visión de largo plazo.
Damián
J. Fernández, La
disidencia en Cuba: entre la seducción y la normalización.
En este artículo se analiza la
historia de la disidencia cubana a partir de 1959, y el marco
legal en el que ha actuado. La disidencia, sostiene Fernández, ha
sido y es un grupo heterogéneo que, sin embargo, comparte la idea
de defender los derechos civiles del individuo y rechazar el statu
quo. La oposición, de hecho, se inició en las filas
revolucionarias mismas, al radicalizarse el gobierno de Castro, y
ha ido adquiriendo distintos tonos ideológicos: desde
simpatizantes del socialismo de centro-izquierda hasta
conservadores demócratas; desde quienes basan su legitimidad en
la Declaración Universal de los Derechos Humanos hasta quienes
recuperan el pensamiento político nacional que parte de José
Martí. Se puede hablar de alrededor de 350 entidades que incluyen
grupos de derechos humanos, protopartidos políticos,
asociaciones laborales, organizaciones culturales y con otros
fines específicos. Al examinar la evolución de la disidencia,
que adquiere su máxima representación en el movimiento de los
derechos humanos, el autor identifica distintas estrategias
adoptadas tanto por este movimiento como por el gobierno cubano:
en relación con el primero, destaca su proyección internacional
que ha sido cada vez más exitosa; en cuanto a las respuestas del
gobierno, puede mencionarse su intención de asimilar el discurso
de los derechos humanos, las campañas en el exterior para dar una
imagen positiva de Cuba y, desde luego, la represión. Lo que es
indiscutible, en ambos casos, es que los desarrollos internos en
Cuba no escapan al contexto internacional. Los documentos
producidos por la disidencia señalan una actitud tolerante y de
inclusión. De esta forma, concluye Fernández, la disidencia podría
contribuir a la transformación de la cultura política en Cuba
para construir una sociedad civil democrática.
Alejandro
Portes, La
máquina política cubano-estadounidense: reflexiones sobre su
origen y permanencia.
Portes argumenta que la importancia que ha llegado a
tener la comunidad de exiliados cubanos en Miami fue resultado de
la manera como ésta transformó la ciudad y fue ganando poder político,
en el ámbito local, primero, y en el nacional, después. Los
exiliados, al darse cuenta de que no recuperarían la posición
económica que habían tenido en Cuba, ni el poder, quisieron
conquistar una situación de privilegio en Miami. Portes
identifica tres paradojas que distinguen esta “máquina” de
Miami. La primera señala la falta de asimilación de los cubanos;
es decir, que no se hayan integrado a la sociedad de Miami, a
pesar de su éxito, sino que se hayan mantenido apartados y hayan
creado su propia economía política. La segunda paradoja se
refiere a la actitud política de la clase dirigente cubana,
que es considerada como extremista e incongruente con las
realidades de la posguerra fría; es decir, la intransigencia. En
tercer lugar, tenemos la paradoja de la legitimidad, que explica cómo
la agenda militante de los líderes cubano-estadounidenses brinda
al gobierno de Cuba un recurso simbólico invaluable, pues le
permite personificar la oposición nacionalista a la agresión
estadounidense. Portes describe también el intercambio que se ha
dado entre los cubanos y políticos estadounidenses, mismo que
permitió a los primeros obtener poder político. La permanencia
de la comunidad cubana debe entenderse por la solidaridad entre
sus miembros, así como por la celebración regular de una serie
de rituales, a pesar de que la experiencia de haber sido víctimas
del régimen cubano es cada vez más lejana. En efecto, concluye
Portes, la “máquina” de Miami enfrenta el problema del cambio
generacional, pues los cubano-estadounidenses jóvenes están
menos ideologizados y son menos combativos. Sin embargo, para que
comunidad de Miami se transforme decisivamente se necesitará, irónicamente,
el cambio en Cuba.
Ana
Covarrubias Velasco, La
política mexicana hacia Cuba a principios de siglo: de la no
intervención a la protección de los derechos humanos.
Covarrubias plantea que el cambio principal de la
política de México hacia Cuba en los últimos 12 años ha sido
el abandono de uno de los pilares de la relación bilateral, la no
intervención, a favor de la promoción de la democracia y los
derechos humanos. Su artículo presenta los sexenios de Carlos
Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo como el periodo de transición,
definido por una tensión entre la continuidad y el cambio en la
política mexicana. La continuidad, expresada en el apoyo a la no
intervención en asuntos cubanos, fue evidente en la posición del
gobierno mexicano ante la Ley Torricelli y la Helms-Burton, así
como en las Cumbres Iberoamericanas hasta 1999. El cambio, por
otro lado, se ilustra con los encuentros de autoridades del
gobierno mexicano con exiliados cubanos o miembros de la
disidencia en Cuba. El cambio, que alcanzó al discurso en 1999,
se explica por la situación interna en México durante el
gobierno de Zedillo, caracterizada por la “democratización”.
La nueva política mexicana hacia Cuba ha sido más evidente
durante el sexenio de Vicente Fox. El gobierno mexicano se ha
abstenido o ha votado a favor de resoluciones que invitan al
gobierno cubano a respetar los derechos humanos y las libertades
civiles, y ha adoptado un lenguaje muy claro consistente con una
política exterior general que identifica la promoción de la
democracia y la protección de los derechos humanos como
prioridades. Ante este cambio, el gobierno cubano reaccionó
inicialmente mediante mensajes que subrayaban la validez de la no
intervención, pero fue más agresivo cuando Castro decidió hacer
pública la conversación telefónica que mantuvo con el
presidente Fox con motivo de la Conferencia sobre la Financiación
para el Desarrollo que se llevó a cabo en Monterrey. Covarrubias
concluye que, a pesar de la transformación evidente en la política
mexicana, persiste una continuidad en términos de lo que fue por
muchos años la relación bilateral: Cuba sigue teniendo un valor
simbólico para México al haberse convertido en la oportunidad
para reforzar su imagen democrática.
Cristina
Warren, La
política de Canadá hacia Cuba: evolución del compromiso
constructivo.
Ante las condiciones de Cuba tras el colapso de la
Unión Soviética y los cambios en el sistema internacional, el
gobierno canadiense de Jean Chrétien quiso contribuir a lo que
pensó que sería la transformación impostergable de la isla en
una economía abierta y un sistema político de instituciones
representativas, en el que se respetaran los derechos humanos.
Warren sostiene que el diseño de esta política de compromiso
constructivo fue resultado de la nueva estrategia hemisférica del
gobierno liberal, que buscaba un mayor acercamiento con América
Latina y más independencia con respecto a la política exterior
estadounidense. Además, dicha política fue posible gracias a la
buena disposición de la opinión pública canadiense y al hecho
de que no existiera una comunidad de exiliados capaz de impedir el
acercamiento con el gobierno cubano. El compromiso constructivo
consistió en apoyo diplomático a Cuba, el fomento del comercio y
la inversión, y un mayor intercambio cultural. Igualmente, hubo
una serie de apoyos económicos y sociales, en los que
participaron también ong e iglesias canadienses para, entre otras cosas, asesorar
al gobierno cubano en la reforma económica y en materia de
derechos humanos y gobernabilidad. La creciente cerrazón económica
y política del gobierno de Castro, sin embargo, marcó los límites
del compromiso constructivo y, ante una opinión pública que
cuestionaba la eficacia de esa política, el gobierno canadiense
reconsideró su postura y limitó algunos de los programas de
ayuda e intercambio con la isla, así como su apoyo diplomático.
Warren concluye que Cuba no representa más un interés
prioritario ni particular del gobierno, el sector empresarial o
incluso ong
canadienses, y el lugar que llegue a ocupar en la política
exterior del país dependerá en última instancia de la
importancia que se otorgue a América Latina en su conjunto.
Claude
Heller, La
cuestión cubana en los foros multilaterales.
A pesar de la expulsión del gobierno cubano de la oea
en 1962, Cuba sigue siendo materia de discusión tanto en ese
organismo como en otros foros regionales y en la onu.
Después de hacer una breve revisión histórica del tratamiento
del caso cubano en la oea,
el autor establece cómo el tema volvió a tener presencia en los
noventa. La Ley Helms-Burton obligó a los países de la región a
pronunciarse al respecto, y tanto el Grupo de Río como la oea
emitieron declaraciones y resoluciones de condena a la aplicación
extraterritorial de las leyes y en defensa de la libertad de
comercio e inversión en el hemisferio. Por otro lado, el
secretario general, César Gaviria, sugirió que la comunidad
interamericana debería tener un papel más activo para contribuir
a la apertura económica y política de Cuba. La onu
se convirtió también en escenario del debate cuando en 1987 los
Estados Unidos promovieron en la Comisión de Derechos Humanos una
resolución de condena al gobierno cubano por la situación de
tales derechos en la isla, resolución que ha sido presentada
anualmente por distintos países desde entonces. Por su parte,
Cuba ha utilizado también a las Naciones Unidas para condenar las
leyes extraterritoriales. En general, el resultado de la
consideración del caso cubano en los organismos multilaterales ha
sido la división entres los países miembros en cuanto a si se
debe o no “presionar” al gobierno cubano para su apertura.
Heller argumenta que la discusión refleja en última instancia el
conflicto entre los Estados Unidos y Cuba, y que los
pronunciamientos y las resoluciones que se han adoptado no han
logrado sus objetivos, ni han modificado las posiciones de ambos
países. Es decir, en esos foros se mantiene también el impasse
entre La Habana y Washington.
Mark
Falcoff, Presente
y futuro en las relaciones Estados Unidos-Cuba: un ejercicio de
análisis y especulación.
La ausencia de relaciones diplomáticas formales
entre Cuba y los Estados Unidos por 40 años merece sin duda una
explicación. En su artículo, Mark Falcoff aborda esta situación
tan peculiar a partir de cinco factores que, en su opinión, han
determinado la política estadounidense hacia Cuba: la inercia,
los derechos de propiedad, los resentimientos históricos, los
valores básicos y la política interna. La inercia se refiere
desde luego a la perpetuación de la política estadounidense
hacia Cuba, pese a la creación de las Secciones de Interés en
Washington y La Habana, y a la firma de varios acuerdos entre los
dos gobiernos. Los derechos de propiedad, en segundo lugar, seguirán
representando una dificultad, profundizada por la Ley
Helms-Burton, en tanto no se encuentre la fórmula para una
indemnización aceptable para las dos partes. Los resentimientos
históricos se explican, desde luego, por la relación tan
complicada que ha existido entre los dos países, que va más allá
de la Revolución de 1959, y que el gobierno de Castro de alguna
manera recupera. Los valores fundamentales siguen siendo motivo de
discrepancia: no se trata sólo de la oposición entre el
comunismo y la democracia, los derechos humanos y el libre
mercado, sino de la hegemonía estadounidense. Finalmente, la
comunidad cubano-estadounidense es sin duda un elemento
fundamental para explicar la política interna. Sin embargo, tanto
esta comunidad como la opinión pública estadounidense, e incluso
algunos sectores dentro del gobierno, han comenzado a adoptar una
actitud más abierta con respecto a Cuba. Inevitablemente, Cuba y
los Estados Unidos tendrán que reestablecer relaciones en el
futuro, y Falcoff concluye considerando esta eventualidad.
Susan
Kaufmann Purcell, La
Ley Helms-Burton y el embargo estadounidense contra Cuba.
Purcell analiza las posiciones más comunes en
relación con el embargo comercial impuesto por los Estados Unidos
a Cuba, en particular, la Ley Helms-Burton. Por un lado, hay
quienes afirman que el embargo no ha cumplido su objetivo de
derrocar al gobierno de Fidel Castro y proponen una política de
compromiso constructivo. De levantarse el embargo, la sociedad
cubana estaría en contacto con los valores estadounidenses y
dejaría de creer a su propio gobierno, y la economía de la isla
se diversificaría más. Por el otro lado, los partidarios de las
sanciones consideran que el compromiso constructivo fortalecería
de hecho a la dictadura cubana, al proveer al régimen de Castro
de los recursos que necesita para sobrevivir y evitar así que el
pueblo se levante en su contra. La autora señala que la apertura
limitada de la economía cubana ha seguido a momentos de crisis y
que, siempre que ésta ha funcionado bien, el gobierno de Castro
ha emprendido aventuras en el extranjero perjudiciales para los
intereses estadounidenses. Purcell anota que en última instancia
es difícil evaluar cualquiera de las dos interpretaciones por la
falta de datos confiables y porque la discusión está tan
permeada por consideraciones ideológicas que, aun cuando los
datos existieran, se llegaría a distintas conclusiones a partir
de la misma información. Sin embargo, concluye que la
Helms-Burton se mantendrá en el futuro previsible y que es poco
probable que el presidente Bush relaje su posición con respecto a
Cuba después del 11 de septiembre de 2001, dada la relación de
Castro con las farc y con el presidente de Venezuela. El embargo y la
Helms-Burton no han tenido éxito en derrocar a Castro o en
provocar un colapso económico en la isla, pero han contribuido a
contener de manera constante al régimen cubano.
Joaquín
Roy, Las
dos leyes Helms-Burton: contraste de la actitud de los Estados
Unidos ante la Unión Europea y ante Cuba.
El artículo trata dos temas
principales: el Entendimiento entre los Estados Unidos y la Unión
Europea sobre la Ley Helms-Burton y lo que Roy denomina la
Doctrina Helms-Burton. En el primer caso, el autor señala que la ue
ha criticado al gobierno cubano por la violación de los derechos
humanos en la isla, pero que también se ha opuesto a las medidas
unilaterales adoptadas por los Estados Unidos, como en el caso de
la Helms-Burton. En este sentido, la ue
decidió denunciar esta ley ante la omc,
a lo que los Estados
Unidos respondieron sosteniendo que dicha denuncia no procedía,
al reconocerse que no se trataba de un asunto comercial, sino político.
Los Estados Unidos y la ue
llegaron a un Entendimiento, mediante el cual el gobierno
estadounidense se comprometió a presionar al Congreso para
relajar el título III y eliminar el IV de la ley, mientras que la
ue aceptó
desincentivar las inversiones en las propiedades cuestionadas,
apoyar la democratización de Cuba y retirar su demanda ante la omc,
entre otras cosas. El Entendimiento no estuvo libre de críticas
en los Estados Unidos ni en la ue,
pero se convirtió en un ejemplo de negociaciones diplomáticas y
fue posible gracias a que el de Cuba no era un caso lo
suficientemente importante como para provocar una guerra comercial
entre los dos gigantes. Por otro lado, Roy argumenta que la
Helms-Burton puede entenderse como una doctrina, pues incluye toda
una serie condiciones políticas para levantar el embargo que, de
hecho, implican determinar las características de un futuro
gobierno en Cuba: desde luego, no podrá participar en él ningún
miembro de la familia Castro, deberá haber elecciones abiertas en
las que compitan múltiples partidos políticos independientes y
que sean supervisadas por la onu
y la oea, y habrá de
establecerse un poder judicial independiente, entre muchas otras.
Con base en esta influencia política que los Estados Unidos
pretenden tener, Roy traza una línea de continuidad con la Doctrina Monroe y
la Enmienda Platt, y demuestra cómo la Ley Helms-Burton se
convierte, de hecho, en un asunto político interno de Cuba.
ABSTRACTS
Jorge
I. Domínguez, Cuba en las
Américas: ancla y viraje.
Domínguez considers the olas
(Latin American Solidarity Organization) -a good example of what the
Cuban revolutionary policy toward the region was during the
1960’s- as a starting point to identify four “waves” of change in Latin
America at the end of the 1990’s, and explores their relative
impact on Cuba’s domestic affairs.
These “waves” are: democratization, an increasing
economic liberalization, an improvement in relations with the
United States, and the rapid transformation of the region’s
cultural life. Domínguez
argues that while the economic and, to a lesser extent, the
democratic “waves” had certain impact on Cuba, they did not
produce decisive transformations.
The economic reform was nothing more than a survival
strategy and although Cuba was able to diversify its dependence,
it was a negative kind of diversification.
In the political realm, the ultimate goal of the Cuban
government was to resist democratization pressures, though it had
occasionally allowed public debates.
On the other hand, relations with the United States
improved only in security issues –migration and drug-trafficking
being areas of cooperation. As
to culture, Cuba still had a “seductive spell,” although no
more as a revolutionary “hub.”
Domínguez concludes that the Cuban government was
ultimately determined to resist any foreign influence on the
regime, even at the cost of undermining its economic and political
relations with the region’s countries. As in the past –though in a different way–, Cuba still
represents an exceptional case among Latin American countries,
since it has not been fully involved in the “waves” of change.
Marifeli
Pérez-Stable, Cuba,
¿sucesión o transición?
The article explores how the
Cuban elite achieved political reconstruction amid threats of
collapse of the regime in the aftermath of the Berlin Wall’s
downfall. Furthermore,
it is expected that political renewal will lead to a relay that
does not entail a democratic transition after Fidel Castro’s
death. Pérez-Stable
describes the policies that were implemented in the 1990’s, when
the Cuban regime’s main goal was survival.
The government implemented an economic reform that involved
legalizing the use of U.S. dollars, liberalizing agricultural
cooperatives, authorizing self-employment, and welcoming foreign
investment. However, the same pattern was not used in politics, where
only a few cosmetic measures were taken, including admission of
Catholics to the ccp,
direct vote to elect the National Assembly of People’s Power,
and the constitutional recognition of the economy’s mixed
sector. The costs of
a wide-ranging political reform would have been unacceptable,
since the ultimate goal was to preserve the status quo. Once
survival was ensured, the elite focused on political
reconstruction, admitting no further changes as of 1997.
That year the ccp Congress sealed Cuba’s political return to the past. Pérez-Stable
examines how the Great Battle of Ideas –which was nothing more
than a nationalistic campaign– started, and how did the
constitutional reform of June 2002 that stated the irrevocability
of socialism finally take place.
The Commander’s successors, however, will face some
challenges. The first relates to political culture, since the
Cuban people’s well-being must become a focal point of politics,
and discourse will have to include terms such as “equal
opportunities” and “ratio between productivity and social
welfare.” The
second challenge concerns the normalization of Cuba’s
relationship with the United States, which implies abandoning a
mindset that has prevailed since the 19th century.
Jorge
F. Pérez-López, El interminable
periodo especial de la economía cubana.
Pérez-López reviews the Cuban
economy since 1990, when the worst crisis in Cuba’s history
–the so-called “special period in times of peace”– broke
out as a result of the socialist bloc’s dissolution.
Pérez-López explores the impact of the crisis on
different segments of Cuban economy and the measures implemented
by the government to revert the situation.
Some of these measures included: legalizing the possession
and use of foreign currencies, allowing self-employment,
establishing agricultural cooperatives, modifying fiscal laws,
developing agricultural markets, promoting foreign investment, and
bank reform. The article also analyzes the outcomes of those
measures and stresses the positive trend in economic growth since
1994. Pérez-López
argues, however, that reforms failed to restore the income and
consumption levels that Cubans enjoyed at the end of the 1980’s,
and they were also incapable of setting the basis for a future
sustainable economic growth.
In addition, Cuba’s economic prospects were further
undermined by the deceleration of global economy, the terrorist
attacks of September 11th, 2001, Russia’s retreat from the
Lourdes base, and the hurricane Michelle.
Pérez-López concludes that the Cuban regime has not
worked out a reform project aimed at improving economic efficiency
and further harmonizing it with the global economy.
In addition, the implementation of politically sensitive
measures –such as, restructuring state firms, authorizing small
business, and reorganizing the labor market– has been postponed
since they would exacerbate unemployment and reduce control over
the state’s production assets.
The changes already implemented are solely intended at
tackling the crisis, but lack a long-term vision.
Damián
J. Fernández, La
disidencia en Cuba: entre la seducción y la normalización.
The article looks at the
history of Cuban dissidence since 1959 and the legal framework
within which it has operated.
According to Fernández, while being a heterogeneous group,
dissidents share the goals of defending the individual’s civil
rights and fighting the status quo.
In fact, the opposition developed from the revolutionary
ranks themselves –when Castro’s regime became more radical–
and has ever since adopted different ideological hues, ranging
from supporters of center-left socialism to democrat
conservatives; from those who base their legitimacy on the
Universal Declaration of Human Rights to those who endorse the
nationalistic political thinking stemming from José Martí.
There are roughly 350 associations currently operating,
which include human rights groups, proto-political parties, labor
associations, and cultural and other specific-target
organizations. As
Fernández explores the evolution of dissidence –whose main
representatives are human rights groups– he identifies various
strategies adopted by the movement and the Cuban government.
As to the former, Fernández stresses its increasingly
successful projection at the international level.
On the other hand, the government has reacted by using the
human rights discourse, promoting foreign campaigns to give a
positive image of Cuba and, of course, by repressing the
opposition. In both
cases, though, it is undeniable that Cuban domestic developments
are not isolated from the global context.
Documents produced by dissidents reveal a tolerant and
inclusive stance. Fernández concludes, therefore, that dissidence could play a
relevant role in transforming the Cuban political culture that
might lead to the establishment of a democratic civil society.
Alejandro
Portes, La
máquina política cubano-estadounidense: reflexiones sobre su
origen y permanencia.
Portes argues that the Cuban
exile community in Miami became very influential as a result of
the way in which it reshaped the city and gained political power
both at the local and national levels.
As the exiles realized they would not regain the economic
status they had enjoyed back in Cuba –or the power–, they
decided to secure a privileged position in Miami.
However, Portes identifies three paradoxes that
characterize Miami’s “machine.”
Firstly, despite their success Cubans have not been
assimilated into Miami’s society, but have remained apart and
have produced a political economy of their own.
The second paradox refers to the Cuban establishment’s
image as a radical group, out of tune with the post-Cold War
realities. This is the paradox of intransigence. Third, the
legitimacy paradox explains how the militant agenda of
Cuban-American leaders offers the Cuban government an invaluable
symbolic resource since it allows the latter to embody the
nationalistic resistance to U.S. aggression.
Additionally, Portes describes the various exchanges that
took place between Cuban exiles and U.S. politicians, which
allowed the former to obtain political leverage. Solidarity among members of the Cuban community and the
regular performance of rituals may explain the endurance of the
community, despite the fact that the feeling of being a victim of
the Cuban regime becomes increasingly distant.
Indeed, as Portes reckons, Miami’s “machine” is
confronting a generational problem, since young Cuban Americans
are less ideological and belligerent. Ironically, however, a crucial change within the Miami
community must be preceded by change in Cuba.
Ana
Covarrubias Velasco, La
política mexicana hacia Cuba a principios de siglo: de la no
intervención a la protección de los derechos humanos.
According to Covarrubias the
most important change in Mexican foreign policy towards Cuba in
the last twelve years has been the abandonment of a key component
of the bilateral relation –non-intervention– on behalf of
democracy and human rights promotion. Covarrubias considers the
governments of Carlos Salinas de Gortari and Ernesto Zedillo as a
transition period, marked by a tension between continuity and
change in Mexican foreign policy.
Continuity, as expressed by the endorsement of
non-intervention in Cuban affairs, was evident in the Mexican
government’s approach vis-à-vis the Torricelli and Helms-Burton
Laws, and all through the Ibero-American Summits until 1999.
Conversely, change was evident in the meetings between Mexican
officials and Cuban exiles or dissidents in Cuba. Mexico’s domestic context during the Zedillo’s sexenio,
characterized by “democratization”, may explain the drive
towards change –evident also in the government’s discourse by
1999. The new Mexican Cuban policy has been more evident with
Vicente Fox administration. The
Mexican government has either abstained or voted in favor of
resolutions inviting the Cuban government to respect human rights
and civil liberties, and has adopted a language consistent with an
overall foreign policy that privileges democracy and human rights
promotion. In this
context, the first reaction of the Cuban government was a series
of messages that stressed the validity of non-intervention, but it
then became more aggressive, as when Castro decided to make public
a telephone conversation he had had with president Fox in relation
to the Conference on Financing for Development that took place in
the Mexican city of Monterrey.
Covarrubias concludes that despite a visible transformation
in Mexico’ foreign policy, there is a line of continuity in one
aspect of the bilateral relationship: Cuba still holds a symbolic
value for Mexico as it represents an opportunity to promote
Mexico’s democratic image.
Cristina
Warren, La
política de Canadá hacia Cuba: evolución del compromiso
constructivo.
In
view of Cuba’s circumstances after the collapse of the Soviet
Union and the changes that took place in the international system,
the Canadian government of Jean Chrétien sought to contribute to
what he deemed an inevitable transformation of Cuba into an open
economy and a political system with representative institutions,
and respectful of human rights. According to Warren, this policy
of constructive engagement resulted from the Liberal
government’s new hemispheric strategy of strengthening ties with
Latin America and increasing Canada’s autonomy vis-à-vis U.S.
foreign policy. Additionally,
a policy of constructive engagement was viable due to both a
positive attitude on the part of Canadian public and the absence
of an exile community ready to prevent a rapprochement with the
Cuban government. Constructive engagement included giving
diplomatic support to Cuba, promoting trade and investment with
the island, and intensifying cultural exchanges between both
countries. Moreover,
Canada offered a series of economic and social aid, involving ngos
and churches to advise the Cuban government on issues concerning
economic reform, human rights and governance, among other things.
However, Castro’s reluctance to open the economy and the
political system set the limits of constructive engagement: facing
a public opinion that questioned the effectiveness of the policy,
the Canadian government reconsidered its position and reduced some
of the assistance and exchange programs with the island, as well
as Canada’s diplomatic support.
Warren concludes that Cuba is no longer considered a
priority or a particular concern by Canadian government, firms or
even ngos, and the
island’s ranking within Canada’s foreign policy will depend on
the significance given to the Latin American hemisphere as a
whole.
Claude
Heller, La
cuestión cubana en los foros multilaterales.
Although the Cuban government
was excluded from the oas
in 1962, it still provokes debate within the oas,
other regional fora and the un.
After a brief historical review of the Cuban case within
the oas, Heller
analyzes how this issue re-emerged in the agenda during the
1990’s. Latin
American countries were forced by the Helms-Burton Act to take a
position on this matter and both the Rio Group and the oas
issued statements and resolutions condemning the extra-territorial
enforcement of laws and endorsing trade and investment freedom in
the hemisphere. On the other hand, the Secretary General, César Gaviria,
suggested that the Inter-American community should play a more
dynamic role in Cuba’s economic and political opening.
The un became also a debate scenario when in 1987 the
United States presented a resolution condemning the Cuban
government for the violation of human rights in the island at the
Human Rights Commission. Different countries have submitted this
resolution each year since then. Cuba, on its part, has also used the un forum to denounce
extra-territorial legislation.
In general, the consideration of the Cuban case by
multilateral agencies has resulted in divisions among member
countries as to whether or not the Cuban government should be
“pressed” to open the country. Heller argues that these debates are in fact a reflection of
the conflict between the United States and Cuba, but the
statements and resolutions that have been adopted have failed to
change both countries’ positions.
In other words, the impasse between Havana and Washington
is also prevalent at those fora.
Mark
Falcoff, Presente
y futuro en las relaciones Estados Unidos-Cuba: un ejercicio de
análisis y especulación.
The lack of formal diplomatic
relations between Cuba and the United States for forty years
deserves an explanation. Mark
Falcoff’s article elucidates this odd situation based on five
aspects which he considers to have defined U.S. policy towards
Cuba: inertia, property claims, historic grudges, basic values,
and domestic politics. Inertia
refers to the long-lasting U.S. confrontational policy toward Cuba
despite the establishment of Interest Sections in both Washington
and Havana, and the signature of agreements between the two
governments. Secondly,
property claims will represent a hurdle –aggravated by the
Helms-Burton Act– as long as a compensation formula acceptable
to both parties is not reached.
Historic grudges are obviously the result of an extremely
complex relationship between the two countries well before the
1959 revolution and that has been somehow recuperated by
Castro’s government. Basic values are still a source of conflict: what is at stake
is not only a clash between communism and democracy, human rights
and free markets, but also U.S. hegemony. Finally, the
Cuban-American community represents undoubtedly a key element to
understand domestic politics.
This community, however, as well as the American public and
even some segments of U.S. government have gradually adopted a
more flexible view towards Cuba.
Inevitably, Cuba and the United States will have to
normalize relations in the future, and Falcoff concludes by
speculating about this eventuality.
Susan
Kaufmann Purcell, La
Ley Helms-Burton y el embargo estadounidense contra Cuba.
Purcell looks at the most
common approaches to the U.S. embargo on Cuba, in particular the
Helms-Burton Law. There
are, first, those who argue that the embargo has failed in its
goal of overthrowing Fidel Castro thus favoring a constructive
engagement policy. If
the embargo was to be lifted, the Cuban society would get to know
U.S. values and would stop believing in its government. A further
diversification of the Cuban economy would also follow.
On the other hand, those in favor of sanctions believe that
a constructive engagement would in fact strengthen the Cuban
dictatorship, as it would provide Castro the resources to survive
and prevent the Cuban people from rising up against his
government. Purcell
claims that each crisis in Cuban economy has been followed by a
limited opening, whereas in times of good economic performance
Castro’s government has embarked on foreign ventures against
U.S. interests. According
to Purcell it is ultimately problematic to evaluate these two
approaches due to the fact that there is a lack of reliable data
and, even if they were available, the debate is so deeply
permeated by ideological concerns that the same set of data would
lead to different conclusions. She considers, however, that the
Helms-Burton Law will be maintained in the foreseeable future, and
that president Bush is very unlikely to loosen his policy towards
Cuba after September the 11th, 2001, given Castro’s links with
both the farc and the
president of Venezuela. Both
the embargo and the Helms-Burton Law have failed to overthrow
Castro or produce an economic breakdown in the island, but they
have served as permanent constraints against the Cuban regime.
Joaquín
Roy, Las
dos leyes Helms-Burton: contraste de la actitud de los Estados
Unidos ante la Unión Europea y ante Cuba.
This article tackles two key
issues: the us-eu
Understanding on the Helms-Burton Law, and what Roy calls the
Helms-Burton Doctrine. As
to the former, Roy stresses that while the eu
has denounced the Cuban government for violating human rights in
the island, it has also rejected the unilateral actions taken by
the United States, such as the Helms-Burton Law.
When the eu decided to denounce the law at the wto,
the United States replied that the accusation was unacceptable
since the nature of the issue was not commercial but political.
However, the United States and the eu
reached an Understanding whereby the us government would require
the Congress to loosen article III and remove article IV of the
Law, while the eu agreed to discourage investments in the expropriated
properties, support Cuba’s democratization process and withdraw
its claim at the wto,
among other things. The Understanding did not go without
criticisms both in the United States and the European Union, but
it soon became a model of diplomatic negotiations, which were
feasible due to the fact that Cuba was not so important an issue
as to start out a trade war between the two giants.
Roy also argues that the Helms-Burton Act may be construed
as a doctrine since it includes a series of political requirements
to lift the embargo that actually entail a blueprint for Cuba’s
future government. These
requirements include: forbidding all members of the Castro family
from holding any position in the government; holding open
elections with the participation of independent political parties,
monitored by the un and the oas,
and establishing an independent judiciary.
On the grounds of the political leverage that the us
government intends to have on Cuba, Roy draws a continuity line
that goes back to the Monroe Doctrine and the Platt Amendment, and
argues that the Helms-Burton Law represents for Cuba, in fact, a
domestic political issue.
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